Soñar es algo tan bueno…

Anoche compré un billete para un viaje nocturno por mi subconsciente. Es fácil conseguirlos. Se piden con el cepillo de dientes en el baño de casa. El viaje, a veces ténue, a veces intenso, a veces vivido en directo, acaba sin saber cómo, al despertar. Por la mañana te entregan el diario de lo ocurrido, que a veces se pierde por no desayunar a tiempo. Es en estos casos cuando uno no recuerda los lugares apasionantes visitados durante la noche.


Mi último viaje transcurre en una tarde fría y gris dentro de una cálida y acogedora cafetería libre de prisas y ruidos. Una brisa musical nos envuelve y la temperatura invita al diálogo. Dos amigos marean palabras con una cucharilla de café liberando risas al contacto con el borde brillante de la delicada porcelana de sus tazas. Se han pasado las horas mientras la lluvia barría hojas secas de un otoño olvidado y tardío. Se han contado historias, se han mirado el uno al otro el corazón y la tarde se les ha escapado entre los dedos.

Leyendo el diario de un viaje como éste, tal vez sea la mejor manera de comenzar un nuevo día.

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